Por qué no hay nada de ético en la filosofía vegana

Los veganos y vegetarianos siempre han presumido de su ética: comer de manera diferente para no hacer daño a los animales. ¿Pero esta filosofía es realmente beneficiosa para los animales y, sobre todo, para otros seres humanos?

Recientemente en Italia se ha publicado la nueva edición de La cucina ética (La cocina ética), un libro que recoge más de 800 recetas veganas y cruelty-free, o sea, recetas que no se aprovechan o explotan la carne y los productos animales.
Para preparar estas recetas se recurre a ingredientes alternativos, como la quinoa y la soja, que aportan las mismas propiedades que los productos animales y no hacen daño a estos mismos.
Además, el objetivo de este libro es promover el desarrollo sostenible, es decir, el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras.

¿Pero la filosofía vegana constituye realmente una alternativa cruelty-free y eco-sostenible?

 

 

1. Quinoa

La quinoa es uno de los ingredientes principales de la dieta vegana y vegetariana gracias a su alto contenido de proteínas. Es cultivada en Perú y Bolivia, donde el precio de este producto se ha triplicado desde 2006 por la gran demanda, llegando a costar 3000 euros la tonelada, aunque algunas calidades más preciadas llegan hasta los 8000 euros.

Como la quinoa se ha convertido en un producto muy valioso, la mayoría de los bolivianos y peruanos, que viven con menos de 2 dólares al día, se han visto obligados a cambiar su dieta, porque hoy en día la Coca-Cola y los dulces occidentales cuestan menos que la preciosa quinoa. Según la UNICEF, 19,5 % de los niños peruanos padece malnutrición crónica, porque echa en falta las excepcionales propiedades nutritivas de la quinoa, alimento fundamental para la sobrevivencia de los más pobres.

Además, el valor de este cereal ha desencadenado un vandalismo local basado en secuestros y terrorismo que está poniendo a la población entre la espada y la pared.

 

2. Anacardos

Los anacardos son muy utilizados en las dietas veganas porque sustituyen la mayonesa y todos los tipos de queso para untar.
El 40 % de la producción está basada en Vietnam y, según Human Rights Watch, una asociación para la protección de los derechos humanos, los anacardos vienen de centros de rehabilitación para drogadictos condenados. Muchos están detenidos sin haber tenido un proceso regular y son obligados a trabajar ocho horas al día, seis días a la semana, extrayendo un anacardo de su cáscara cada seis segundos.
Quien no sigue el ritmo es maltratado y privado de agua y comida. Algunas veces se llega a utilizar el electrochoque.

El 60 % restante de las provisiones mundiales se produce en India meridional, en las zonas más pobres del país. La cáscara de esta fruta, espesa y resistente, se rompe a mano por mujeres que trabajan 10 horas diarias. Además, el anacardo es protegido por dos cáscaras interiores que emiten un aceite cáustico que queman profundamente la piel de las trabajadoras, que no pueden permitirse guantes de protección, ya que solo ganan 2,20 euros al día.

 

 

3. Almendras

El precio de las almendras se ha triplicado durante los últimos 5 años. Estas son utilizadas para obtener una leche vegetal con la que se hace mozzarella, ricotta y otros tipos de quesos.
El mayor productor de almendras es el estado de la California en EEUU. Aquí se produce el 82 % de las provisiones mundiales y se gastan 4 litros de agua para la cultivación de cada almendra. Como California produce cada año 950000 toneladas de este producto, convivir con la sequía es ahora parte de la vida cotidiana.

Esto tiene graves repercusiones sobre la fauna local: más de 4000 ciervos han muerto en un año, por no hablar de alces, zorros, coyotes y linces que, buscando agua, van a las zonas pobladas por el ser humano a medida que el ambiente va arideciéndose.
El salmón Chinook, parte fundamental de la cultura de los nativos americanos, se está extinguiendo porque el agua de los ríos es desviada para ser utilizada en los cultivos de almendras.

 

 

4. Aguacate

Para la producción de medio kilo de aguacate en California se utilizan 270 litros de agua, pero el principal productor de esta fruta es México.
En este país al aguacate se le conoce como “oro verde” por su inestimable valor.

Aunque se produzca una enorme cantidad de esta fruta, México no consigue satisfacer la demanda. Por eso cada año se cortan sobre unas 700000 hectáreas de bosques, afectando gravemente la flora y fauna local.
Además, pesticidas y fertilizantes están envenenando las reservas hídricas utilizadas por animales y población local.

El mercado del aguacate está dominado por los Caballeros Templarios, organización criminal que disfruta del valor de este producto que ha pasado de 90 millones a 1,3 millones de dólares al año en 12 años. Por esto los Caballeros Templarios roban, amenazan, secuestran a personas y piden rescates para enriquecerse a espaldas de los agricultores.

 

 

5. Soja

La soja es quizá el elemento más importante de la dieta vegana. Para cultivar este producto cada año se tala un 3 % del bosque tropical argentino, es decir ocho millones de hectáreas, un área del tamaño aproximado de Portugal. Así se va destruyendo la fuente de 28 % del oxigeno mundial y el hogar de un 40 % de las especies animales.

Si por una parte hay productos cruelty-free gracias al tofu y la soja, por otra la producción de los mismos afecta al medioambiente de manera irreversible. Según la Universidad de Cranfield, si la producción de soja disminuyera considerablemente (y se volviera a consumar carne y pescado) se podría reducir el 70 % de los gases de efecto invernadero.
Pero quizá reducir la producción de estos productos no es tan fácil. De hecho, según una investigación de la Universidad de Oxford, un 73 % de los veganos consumen cada día 11 gramos de proteínas de soja, rica en fibras y minerales que faltan en su dieta sin carne.

 

 

Además, otro elemento ético sobre el que los veganos deberían prestar atención es la producción de kilómetro 0, es decir los llamados productos “de la granja a la mesa”.
Si intentas buscar un restaurante vegano de kilómetro 0 en tu ciudad, será una misión imposible. Esto se debe a que la mayoría de los productos utilizados en las dietas veganas y vegetarianas no son cultivados en todos los países, como pasa con la mayoría de la fruta y verdura, sino en países del tercer mundo donde la producción cuesta muy poco y, en cambio, la ganancia es muy alta para los intermediarios.

De hecho, las poblaciones locales padecen desnutrición y violencia en un mundo donde un aguacate vale más que una persona y donde salvar un animal del matadero es la causa de la muerte de muchos otros y de la contaminación mundial.

 

Quizá la llamada ética vegana no sea tan ética después de todo.

 

Giorgia Trentini


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