Posponer la alarma de tu despertador: el peor vicio mañanero

¿Por qué resulta tan difícil levantarnos cada mañana? Tengas la edad que tengas, ya seas adolescente, adulto o anciano, levantarse por la mañana siempre es una faena.

Si esta mañana te has levantado aún medio dormido, un poco aturdido y desesperado por dormir una hora más, hay dos cosas que probablemente no estás haciendo bien. Por una parte, seguramente te faltan horas de sueño –no has dormido la cantidad de horas suficientes que tu cuerpo necesita para descansar bien – y por otra, el ritmo natural de tu cuerpo está desajustado.

Al cuerpo le encanta la constancia y la previsibilidade. La mayoría de veces nos sentimos cansados porque se nos da muy mal seguir una rutina regular a la hora de irnos a la cama, es decir, acostarnos y levantarnos a la misma hora todos los días. El cuerpo tiene un reloj natural de una precisión asombrosa y se empieza a preparar para despertarse hasta una hora antes de que nos suene la alarma.

Hay varias medidas importantes que podemos tomar para asegurarnos de que nuestro reloj mantiene su regularidad cada mañana, pero lo principal es abandonar los malos hábitos y seguir una rutina apropiada para empezar a sentirnos enérgicos y vitales.

Muchas personas odian oír el sonido de la alarma por la mañana y optan por posponerla, regalándose 20 minutos más de sueño antes de tener que levantarse de verdad. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que eso es lo peor que podemos hacer, debido a la necesidad del cuerpo de prepararse para despertarse y afrontar la mañana.

Durante su hora de preparación, el sueño se vuelve más ligero para que sea más fácil despertarnos. Al posponer la alarma podemos volver a caer en un sueño profundo y no debemos despertarnos del sueño profundo, porque tenemos que pasar primero por la fase de preparación en la que el sueño es más ligero, para luego abrir los ojos. Por eso posponer la alarma supone un impacto enorme para el cuerpo y nos sienta mal.

Como hemos dicho, el cuerpo necesita tiempo para estar listo antes de despertarse. Si nos volvemos a dormir, nuestro cuerpo piensa: “¡Falsa alarma! No necesitaba prepararme porque no nos vamos a levantar todavía”; y se acomoda. Cuando la alarma vuelve a sonar, el cuerpo y el cerebro se sobresaltan y eso nos provoca ese estado de aturdimiento y confusión llamado inercia del sueño. Cuanto más posponemos la alarma, más confusión generamos para nuestro cuerpo y nuestro cerebro (“¡¿Nos volvemos a dormir o no?!), así que probablemente nos sentiremos más aturdidos aunque en realidad hayamos estado más tiempo en la cama.

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